DESCUBRIENDO RINCONES INCREÍBLES
Lhasa esconde lugares donde la historia y la espiritualidad se revelan con una intensidad única. En lo alto de la colina Roja, el imponente Palacio de Potala se despliega en terrazas, patios y galerías, formando una ciudad interior con miles de estancias y capillas que narran siglos de poder y devoción. Muy cerca, Norbulingka, antiguo refugio estival, abre sus puertas a jardines, pabellones y rincones artísticos que invitan al sosiego y a la contemplación. Otros espacios conservan la huella de la tradición más profunda, como el templo de Nechung, que albergó al oráculo estatal y donde aún resuena el eco de antiguas sabidurías. No lejos de allí, el monasterio de Jokhang, centro vivo de fe, late con el paso constante de peregrinos que recorren sus senderos en oración. En su interior, la luz tenue de las lámparas de aceite, los frescos y las estatuas envuelven al visitante en una atmósfera íntima, donde el tiempo parece detenerse.